Vistas de página en total

jueves, 18 de julio de 2013

Cierra los ojos, y mírame

El sueño ha venido a acunarte y te has dejado seducir por su suave caricia.
Poco a poco va acariciando tu cara y hace que se te calme la respiración y se te cierren los ojos. 
Si intentas resistirte, te muestra imagenes dulces o felices, que te hacen relajar, sentir segura y sonreir. 
Y cuando sonries, todo tu cuerpo se relaja, y te das cuenta de que por mucho que estes enamorada y tu realidad sea tan maravillosa y espectacular que te quita el sueño, dormir no es tan malo. Tus sueños son tu dia a dia, tu realidad, y estan protagonizados por sonrisas, buenos momentos, grandes canciones, y gente maravillosa. Y de repente te das  cuenta de un pequeño detalle; hay alguien que esta en todos esos sueños.

Ella.
 
Ella esta ahí, en cada sueño, acompañandote, andando contigo, dandote la mano para ayudarte a andar segura y sujetarte si tropiezas, para evitar que te caigas o almenos suavizar la caida.  
Y es entonces cuando te das cuenta que no lo puedes esconder mas. Que debes admitirlo, es demasiado obvio. La quieres. Y quieres estar con ella. Pase lo que pase. Haga lo que haga. Digan lo que digan. Ella tiene la llave temporal de tu felicidad, y tu solo sabes que quieres que tenga la llave fija.
 
Te despiertas sudando, con el corazón acelerado y con una única idea en tu mente: Hacerselo saber.
 
Así que decidida, vas a su encuentro y una vez frente a ella, te arrodillas y la tomas suavemente de la mano. Empiezas a hablar pero te cortas en seco. De repente recuerdas que ella siempre se habia referido al matrimonio en tono de burla y tu, ahora, tienes un miedo terrible a que te rechaze. Coges aire y, tratando de tranquilizar tu pulso, pronuncias poco a poco esas palabras que ella siempre ha dicho que no iva a aceptar. La miras a los ojos y le pides matrimonio. Y ella, como tu presuponias, se asusta, y por un momento se queda callada, sin saber muy bien que hacer. Trata de hablar, parece que va a decir algo pero vuelve juntar los labios. Tu esperas, tratando de no perder la poca calma que se puede tener en un momento así. Empiezas a pensar que has cometido un terrible error. La miras a los ojos buscando un atisbo de algo, una pista que te indique si has echo bien o mal. Pero ella sigue igual, inmóbil. Parece de piedra.
 

Finalmente, cuando tu te das por vencida y asumes que ha sido un error, que has metido la pata y que lo has estropeado todo, ella consigue hablar. Te dice con voz suave y casi inaudible: “Te quiero”. Levantas la cabeza y la miras con ojos llorosos. Tu rostro se calma y empiezas a dibujar una sonrisa en el. Ella te aguanta la mirada y te repite, esta vez con una voz mas audible "Te quiero" y tu le preguntas histerica, sin aguantar mas la incertidumbre "Si o no?" Y ella como respuesta repite "Te quiero, para el resto de mi vida".


No hay comentarios:

Publicar un comentario