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domingo, 8 de enero de 2012

Cobarde

Sonaban ya las campanas de medianoche cuando salió de la casa.
La vi escondida tras un viejo Roble. 

Huía.
Huía de la muerte. 
Lo sé porque su camisa blanca estaba manchada de rojo, también huía de ése hombre malo.
Debía hacer algo para socorrerla pero cuando quise darme cuenta dejé de verla.
Cogí mi navaja de la mesilla de noche, salí corriendo y me adentré en el bosque en busca de la pequeña cuando de repente oí esos llantos. Venían más o menos de mi derecha y eran, más que llantos, gritos de dolor y miedo mezclados.
Me acerqué a hurtadillas para que no me escuchase y huyera.
Llegué y, escondido entre unos matojos observé con horror que causaba esos gritos.
Era la misma pequeña del bosque y ése asqueroso hombre la estaba poseyendo a su placer.
No esperé a que le arrancara otro grito a la niñita, pero cuando me dispuse a salir de entre las matas busqué en el bolsillo mi navaja y comprobé con asombro que no estaba, se me había caído por el bosque… Entonces fue cuando me invadió el miedo y me dejé llevar por el pánico.
Huí como cobarde y como cobarde debería vivir toda mi vida, pero la vivo normal porque es mi cobardía la que me hace callarme el pecado.

miércoles, 4 de enero de 2012

Una notícia difícil...

Madre querida, perdóname no haberte escrito antes, pero no he tenido el coraje.
Debo darte una buenísima noticia, estoy embarazada.
No sabemos si es niño o niña pero estamos maravillados.
Cuando Christian supo de la noticia se sorprendió pero ahora es tan feliz como yo.
La cosa esta en que no hemos contraído matrimonio.
Por eso no he podido escribirte antes, temía que tu opinión me hiciera cambiar de idea. Sé que no apruebas por nada del mundo mi embarazo.
Pero, por lo menos una vez en tu vida deja que me excuse.
La felicidad que me ha dado esta criatura no nata es una compensación increíble.
Imagina lo que me dará cuando haya nacido.
Recuerdo que cuando me dijeron que estaba embarazada, me quedé en estado de choque más o menos un cuarto de hora. Creo que luchaba para mostrar mi rostro indiferente, para vencer unas lágrimas que notaba al borde de mis ojos y amenazaban en huir cual pájaro encerrado en una opresora jaula de hierro. También sé que, en ese momento dudaba si la noticia era o no buena.
Ahora sé que era una buena noticia, es la mejor cosa que me ha pasado en la vida.
La felicidad que me da saber que la criatura está viva, que está bien, supera los sentimientos negros que sentí tras la muerte de padre.
La esperanza de que todo saldría bien que sentí cuando Christian me dijo que por nada del mundo me dejaría pasar por esto sola… el gozo que noté en mi interior cuando el bebé me dio su primera patada y, por encima de todo, el sentimiento diario de felicidad que siento día a día por su próximo nacimiento.
(Esto sin olvidar la satisfacción que me produce que mi amado Christian complazca mis deseos de gula propios de un embarazo, que a menudo son manjares difíciles de conseguir…)
Hubo un día de tormenta que me apeteció un pastelito y tubo que ir hasta una pastelería lejos de la ciudad y aunque Christian tenía paraguas era una paliza ir hasta ahí…pero lo hizo por mí.
Cuando estalló en mi lengua aquella crema de chocolate seguida de mermelada de frambuesas dulces pero con un contrapunto ácido… estaba en el cielo.
Madre, espero que leyendo esta carta entiendas la razón por la que no puedo deshacerme del bebé. Sé que sentiste lo mismo en concebirme y, aunque no estemos casados y el bebé no lo hayamos buscado, es mi más grande tesoro. Espero que puedas perdonarme algún día.