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domingo, 8 de enero de 2012

Cobarde

Sonaban ya las campanas de medianoche cuando salió de la casa.
La vi escondida tras un viejo Roble. 

Huía.
Huía de la muerte. 
Lo sé porque su camisa blanca estaba manchada de rojo, también huía de ése hombre malo.
Debía hacer algo para socorrerla pero cuando quise darme cuenta dejé de verla.
Cogí mi navaja de la mesilla de noche, salí corriendo y me adentré en el bosque en busca de la pequeña cuando de repente oí esos llantos. Venían más o menos de mi derecha y eran, más que llantos, gritos de dolor y miedo mezclados.
Me acerqué a hurtadillas para que no me escuchase y huyera.
Llegué y, escondido entre unos matojos observé con horror que causaba esos gritos.
Era la misma pequeña del bosque y ése asqueroso hombre la estaba poseyendo a su placer.
No esperé a que le arrancara otro grito a la niñita, pero cuando me dispuse a salir de entre las matas busqué en el bolsillo mi navaja y comprobé con asombro que no estaba, se me había caído por el bosque… Entonces fue cuando me invadió el miedo y me dejé llevar por el pánico.
Huí como cobarde y como cobarde debería vivir toda mi vida, pero la vivo normal porque es mi cobardía la que me hace callarme el pecado.

1 comentario:

  1. me ha echo estremecerme,la sensación que he tenido al leerlo,la sido de pánico,miedo y soledad mezclado con dolor.
    ha echo que todo mi ser se estremeciera,pequeño texto pero que causa sensación,desde el minuto uno me sentí identificada,Gran texto para mi.

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